jueves, 10 de junio de 2010

Historías de Max y Susan

En algún momento de un pasado reciente estábamos juntos. Parecía que el tiempo se había parado y que nada más importaba en este mundo. Y sabiendo lo imposible de la situación las conversaciones daban vueltas al rededor de esa incapacidad patente.

- Sea como sea soy incapaz de hacerlo – dijo ella apartando la mirada hacia el suelo. - El problema es que no te quiero, no como debería, no como tu lo haces. Y por ese motivo, y no por otro, es imposible que de ese paso. - Susan daba por zanjado el tema, y con el la esperanza de un futuro en común...

- La puerta se cierra y no se volverá a abrir – repliqué yo – Y así permanecerá hasta el fin de los tiempos. Lo sabes, me conoces y es algo que siempre ha sido así. - esperando una reacción que nunca habría de llegar.

Por un tiempo, hasta Max parecía creerlo, seguro de si mismo, de sus convicciones. Pero esta vez había algo diferente... Susan no era una de tantas. Era la que ocupaba todos y cada uno de los huecos que había en su interior. La que llenaba esos vacíos que le consumían cada noche. Su amiga, su confidente, todo lo que cualquiera pueda desear.

Y pasó el tiempo, y con su discurrir la herida parecía que se cerraba. Llegaron otras “Susan”, sustitutas que fracasaban en cada uno de los intentos por reconstruir la zona cero en que se había convertido su mundo. Sin embargo siempre se mantenía el fantasma, una presencia en la distancia, al igual que el depredador acecha a su presa, que no le permite cerrar un capítulo, que se apoderá de su ser.

Y siguió pasando el tiempo, y la distancia se convirtió en abismo, el abismo trajo el olvido o eso llego a pensar Susan. No había apenas contacto y el que se producía era mediante hilos fragiles que impedían cualquier acercamiento...

- Hola amigo...
- Hola bella...
Así solian empezar todas las conversaciones y no duraban mucho. Pero este día la tensión se respiraba en el ambiente. Algo que Max había hecho habia despertado la insana curiosidad de Susan. Y tarde o temprano habría que abordarlo.

La conversación discurría de forma intrascendente, fría, distante... Lo que venía siendo habitual en los últimos tiempos. Hasta que ella soltó la bomba...

- ¿Y eso a que viene? ¿Que has querido decir, o es tan sólo mi ego el que se empeña en ver cosas que no son?
- No es tu ego – reconocí consciente de que la interpretación que ella le daba era la que yo quería enviar en mi mensaje. - Es lo que es, lo que parece. Mi pasado, mi presente y mi futuro. - Apostando fuerte, un "All in", con unas malas cartas en la mano para jugar.
- ¿Pero no estaba todo cerrado? ¿No se cerraban tus puertas y tus ventanas y nada en el mundo podría abrirlo? ¿Que pretendes conseguir diciendo eso?- replico con cierto tono entre irónico y cortante.
- Sólo puedo decir que te quiero. Que eres la mujer de mi vida. Y ya se que esto no conduce a nada, sin embargo quería que lo supieras. - Y diciendo eso, me quite un peso de encima. Ya estaba dicho, un secreto a voces sólo para mi.
- Yo ya no soy la que era, ella esta muerta. - y con eso intentó desecar cualquier charco en el que se depositara un poco de esperanza - Vivo tranquila y es lo único que me importa.

El silencio fue la respuesta. No había ningún argumento capaz de desmontar ninguna de las dudas razonables que allí flotaban. Toda su gran teoría había sido destruida, todo en lo que él creía, todo lo que había pregonado durante tanto tiempo, sólo erá una burda mentira.

Poco más podía decir en su defensa, así que una vez más agacho la cabeza, dio media vuelta, consciente de que Susan había muerto... Ella insistía en que la había destruido por siempre y para siempre. Se había transformado en ella misma, aunque algo no estaba claro... Algo era diferente. Una rendija en su muralla; desde la que se veía el interior de la fortaleza donde se había encerrado, esperando estar protegida hasta el fin de los días. Susan no estaba muerta, sólo estaba escondida. El lo ignoraba, ella lo sabía, pero el muro que se había levantado entre los dos impediría que de alguna forma Max llegase a comprobarlo.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Momentos pasados…

«...Pasan las horas, los días y las semanas, y no dejo de pensar en lo feliz que podría ser. He estado completo y tal vez, por torpeza o por que las cosas han de ser así, ahora me falta algo.

Me levanto, vivo y me duermo pensando en ti; y aún así no es suficiente. Apareces en mis sueños, sin tormento, pero no me conformo con eso, quiero más, anhelo más. Todo lo que hago me recuerda a ti; a todo lo que quiero, y a lo que aspiro. Teniendo mucho, que poco tengo.

Culpas a la distancia aparente de esto, pero ambos sabemos que nada tiene que ver, no han sido tantas veces, sobrarían los dedos de las manos para contar las ocasiones que hemos estado juntos; a pesar de ello, la conexión que existe no nace de lo cotidiano, ni se marchitaría con ello. Y el remante me impulsa a luchar, a no rendirme y aceptar lo que la realidad me dicta. Esta condena en vida, esta ausencia perenne...

...Quererte es fácil, quererte es natural, quererte es real. Puede que ni yo mismo sepa de donde nace. Y tengo grabados a fuego en mi mente momentos vividos, momentos pasados que parecen ocurrir en este mismo instante… La primera imagen, con aquel vestido de apariencia infantil y de intención pecadora; la siguiente, recordada por imágenes atrapadas para siempre, entre bits y chips, que presagian una eternidad, y otras tantas entremezcladas entre ternura y pasión.

Hoy es un nuevo día, después de otros 10, privado de tu esencia, amanece la vida ante mí con la misma esperanza de siempre…»

Fragmento de un texto de Max Smart a su amada…


Sonando: el pozo de aran
Estado: atrapado
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